domingo, 18 de diciembre de 2011

La Montaña Permanece.

Ni una cumbre. Parece increíble, pero después de tantísimas horas dando bastonazos, porteando hierros, subiendo y bajando cerros, no tenemos ni una cima más en el bolsillo. Si lo miras así, la verdad es que esto del Montañismo es que es completamente absurdo...pero cuan lejos de la realidad!

Primera salida: Son las ocho de la tarde y estamos en Guadix. Llueve a cantaros y hace un frío considerable, y lo peor de todo, estoy "liquidao". Hoy he ido a Madrid y he vuelto en el día, he llegado a casa, he trincado la mochila y he salido pitando a la Estación de Autobuses para coger la Alsina a Guadix, una paliza de carretera. Ademas, ayer, Fernando y yo después del trabajo tuvimos que ir hasta Trevélez a dejar un coche para poder volver el domingo...

En el Wolkwagen Polo casi ni cabemos con tanta mochila y tanto cachivache. Fernando y Manolo alante; Alex y yo detrás. Carretera y manta, hasta Jerez del Marquesado donde una fina nieve nos recibe en mitad de la noche. Cualquiera que nos viera armando las mochilas y preparando las cosas a esa hora en mitad del pueblo pensaría que vaya grupo de zumbaos...

La noche tiene estas cosas, que hasta por una carretera nacional y con carteles te extravías, y con estas, nos metimos de agañote una hora más en el cuerpo dando vueltas hasta que encontramos la salida de la vereda. Gajes del oficio, ya se sabe, así que para arriba que nos esperan en el Refugio para cenar. Tres horas largas de subida bajo la nevada, que hoy, caprichosamente cae en forma granulada haciendo que frente a la luz de los frontales, no se vean los copos caer sino una especie de cortina en movimiento, como esas de macarrón verde que se ponían antiguamente en las puertas de las casas de los pueblos. Hacemos solo una paradita, entre otras cosas para mear y echar un trago de agua. Parece que algunos van mejor que otros, hasta hay quien tiene pegada!Esto dará de si...

El Refugio del Postero está fenomenal. Lo han reformado entero y verdaderamente se nota la mejoría, por lo que llegar es más agradable si cabe. Nos inscribimos, dejamos las cosas y a cenar; Alejandro, como siempre, es quien más come y no me extraña, este tío es un fenómeno. Nos da la una de la madrugada, así que no hay tiempo para charlar pues nos queremos despertar a las seis para no salir tarde. Compartimos la habitación con una pareja, pero también quieren dormir pronto así que cada uno al saco y a planchar. Mi cabeza no esta muy bien, y me he notado cansado, veremos a ver mañana...
A las seis suena el despertador de Manolo, quien nos avisa de que ha estado nevando toda la noche y que continua haciéndolo ahora. Me tiro de mi litera y voy a hacer pis, comprobando efectivamente que ademas de nevar, hace un frío del carajo. Pero bueno, el parte ya lo avisaba y contamos con ello y con que a medio día la meteo mejore. Desayunamos, algunos quieren apoderarse de todas las magdalenas de la Bella Easo, Pedro nos hace la encuesta de Seguridad en Montaña, respondemos entre risas e infundadas alusiones a mis ronquidos nocturnos, que exageración por unos ruiditos de nada!

La subida hasta el Puerto de Trevélez es clara, dirección al Picón desviándose a la izquierda sin pasar de los 2800 m. Pero es que nos está nevando sin parar, y la niebla que lo envuelve todo hace que orientarse sea complicado. Tengo el recuerdo del Mulhacén demasiado fresco, y la verdad es que no me apetece nada andar por ahí otras doce horas buscando un sitio donde pasar la noche, así que estoy bastante condicionado. Ademas, físicamente no me encuentro bien y la subida se me hace muy penosa, ademas de que la nieve nos llega casi a las rodillas, y nos hundimos cada dos por tres. En una de las pocas paradas que hacemos para beber y comer alguna chocolatina, decidimos que si llegamos a la altura convenida y el clima no mejora, nos daremos la vuelta y bajaremos por la huella al refugio, todos estamos de acuerdo. Joder, parece que nos han escuchado, y que "el del tiempo" lo tenia cronometrado, a las doce, justo cuando llegamos a la altitud convenida, de repente se abre el cielo por completo, y ante nosotros aparece uno de los valles más maravillosos de Sierra Nevada.

Parada para comer y beber, y enseguida a bajar. Hoy, la subida han sido cuatro horas largas, pero de bajada nos queda un mundo, pues nuestro destino es ni mas ni menos que La Fragua de Trevelez. Hace solo un par de semanas que aparecí por allí a media noche en mitad de la tormenta, y es que esta claro que el culpable siembre vuelve al lugar del crimen.

Como casi siempre, en la bajada tenemos que investigar cual es el mejor trayecto, ademas, la nieve no nos lo pone muy fácil pues aunque no hemos descolgado los crampones ni el piolet, la gran cantidad que ha caído en esta zona hace que nuestros pies, piernas y a veces hasta nuestros cuerpos se cuelen irremediablemente una y otra vez en la nieve. Andar así es un penar, y estamos deseando salir de este manto blanco lleno de trampas. Por fin, dejamos la cota de nieve, y tras llegar a un cortijo en el que paramos para comernos unos Kunfu, llegamos al río y a la vereda que lo recorre en paralelo. Que sitio más increíble! La cabeza me está machacando, y el pie derecho me molesta un montón, pero todo tiene su remedio: pastillón de Dexketoprofeno y mis Salomon. Vaya dos inventos!!

La subida se me ha hecho larguísima, pero ahora me encuentro de maravilla, y este tramo de vereda, que no conocía, me parece un descubrimiento maravilloso. Desde luego, esta zona de Sierra Nevada es absolutamente incomparable, y mientras camino, pienso en cómo los primitivos habitantes de la Alpujarra supieron elegir donde había que quedarse, no hay un sitio con mas agua que este!

Después de doce horas de pateo, ya de noche, aparecemos por las calles de Trevélez. Ha sido un día acojonante, con un poco de todo, y que ahora colmaremos son una buena ducha y un homenaje a base de sopa y chuletón de ternera en la Fragua. El plan no tiene desperdicio, y encima nos llevamos la agradable sorpresa de encontrarnos en el bar con nuestro buen amigo Fernando Wilhelmi. Esto promete, y tanto!, Fernando y yo terminamos a las tantas con Manolo "Interlaken" y Paco el "Zocato" hablando de vacas "limoncines" y machos "medalla de oro", pero esa es otra historia...

El domingo, por más que se empeñe Fernando, va a ser día de un San Antonio, o lo que es lo mismo, de sentarse en una terraza, charlar, y como mucho levantarse para pedir otra ronda de cervezas. El Peñabon y Los Papos están a tiro de piedra, pero tendrán que esperar, pues si hay algo que esta claro, es que las montañas siempre van a estar ahí esperándonos, y hoy es día de descansar.

2 comentarios:

  1. cabrones, si que pudimos traernos una cima en el bolsillo, el Peñabón y los Papos, lo que pasa es que no teníais cojones a arrancar, que no es lo mismo que roncar, eh! que las copas con el Zocato nos taponaron la nariz....

    Buen artículo, si todavía reflexionas así después d elas 17 horas de pateo del sábado es que eres un iluminado..., -me debes el Peñabón-, promételo por tus sálomon...

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado mucho este relato. Salvador Camacho Pérez.

    ResponderEliminar